Cambiando honra en afrenta

    “Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí; también yo cambiaré su honra en afrenta.”

    Oseas 4:7 RVR1960

    A muchas personas les gusta tener cargos relevantes en la congregación. Ser reconocido como presbítero u obispo, pastor, evangelista, profeta, líder de adoración, maestro, entre otros. Y aun cuando estos ministerios deben ser dados y confirmados por Dios, en demasiadas oportunidades está totalmente distante de la voluntad divina las personas que ocupan tales títulos. En vez de llamados genuinos al ministerio encontramos ambiciones personales personas que aparentan santidad, favoritismos, acepción de personas, conveniencias, todas ellas disfrazadas de espiritualidad, falsos llamados al ministerio y manifestaciones de la voluntad de Dios.

    Lo que las personas desconocen u olvidan selectivamente, es que no se encuentran en un trabajo secular, en el que pueden fácilmente engañar al empleador. Se encuentran sirviendo al Rey de reyes y Señor de señores, el cuál es capaz de escudriñar hasta en lo más profundo de sus corazones y ver el motivo real por el que hacen las cosas, y descubrir todo pecado oculto. Existen también personas sirviendo en ministerios, que han corrompido su llamado, e inducen a las personas a pecar, del mismo modo en que otras han iniciado sectas y denominaciones religiosas que solo sirven a sus propios intereses. Todas estas personas que se encuentran liderando a porciones del pueblo de Dios, y por sus malas decisiones, intereses personales y ambiciones pecan, inducen a pecar o blasfeman, no toman en cuenta que tendrán que dar explicaciones de lo que hicieron. Dios dice a Oseas: conforme a su grandeza, así pecaron contra mí; también yo cambiaré su honra en afrenta. El Todopoderoso no dejará impune al que pervierta Su palabra, no escapará el que confunda y arrastre a otros al pecado.

    Mientras mayor sea la posición que ocupas, mayores responsabilidades y exigencias tendrás. El dueño de la iglesia no es ningún hombre, es Dios. Él es quien llama al ministerio a las personas, conforme a los dones y capacidades que ha dado. Seamos cuidadosos y humildes, no sea que, tratando de buscar honra y reconocimiento, obtengamos afrenta y castigo.

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