“Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.”
1 Timoteo 6:11 RVR1960
Desde tiempos inmemoriales, la codicia y la ambición han llevado a grandes conflictos entre personas y naciones. El amor al dinero ha desencadenado crímenes, traiciones, maquinaciones, y todo tipo de malas actuaciones para lograr satisfacer ese afán que nunca llega a saciarse.
En versículos anteriores (1 Timoteo 6:9-10 RVR1960), el apóstol Pablo habla acerca de las personas que tienen ansias de enriquecimiento, y las consecuencias de vivir enfocados en eso. Es contrastado entonces en este pasaje, al decir: Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Entre un cristiano y un inconverso debe haber diferencias, entre ellas, hacia donde tienen puestos los ojos y las intenciones del corazón; y también lo que se exterioriza en las actuaciones. Unos con la vista puesta en Dios y las cosas espirituales, y los otros en el dinero y las cosas materiales.
En lugar de ambiciones mezquinas, codicia, dobles intenciones, trampas, engaños y egoísmo, hagamos lo que nos dicen las Sagradas Escrituras, sigamos la justicia, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre. Mientras en una solo encontraremos afán, desenfreno y superficialidad, en la otra tendremos salvación y vida eterna. Hagamos riquezas espirituales.
#ElHombreDeDios, #ElAmorAlDinero, #LoQueDebemosSeguir, #MinutosConDios, #ReflexionesDiarias