“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”
1 Corintios 6:19 RVR1960
La era moderna ha traído muchas libertades beneficiosas y otras no tanto. El ser humano es muy reacio a mantener los límites de los que es bueno y lo que no; y constantemente está probando fuerzas en todo tipo de actividades sin importar su carácter legal o no. Ante tanta irreverencia e inobservancia de cualquier orden establecido, el aspecto sexual no escaparía a ser uno de los más explotados. Las tendencias a la fornicación y al adulterio en la actualidad son elevadas y las incidencias de casos alcanzan cifras espantosas. No existen límites, y se proclaman todo tipo de excesos como libertad sexual.
Una de las mayores tentaciones a las que se enfrenta un cristiano es precisamente la de carácter sexual, y muchos hermanos han caído, y se han apartado por ceder ante estas. Sin embargo, esto no es solo en la actualidad. Pablo habla acerca de la fornicación e insiste en que se huya de ella, alegando que el que comete cualquier pecado, lo hace fuera del cuerpo, pero el que fornica, contra el cuerpo peca. Dice, además: ¿Ignoran que el cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, el cual tienen de Dios y que no se pertenecen a sí mismos? Los inconversos consideran que pueden hacer con su cuerpo lo que quieran, porque les pertenece; sin embargo, un cristiano sabe que no puede enajenar su cuerpo, porque es pertenencia de Dios. Del mismo modo en que la iglesia es constituido templo de Dios, el cuerpo de un cristiano es templo ideal del Espíritu Santo, que mora en nosotros. Como creyentes, dejarnos llevar por actos sexuales ilícitos, es equivalente a profanar el templo de Dios.
La promiscuidad, infidelidad, adulterio, y todo tipo de práctica que es común hoy en día es bastante riesgosa, porque está uno expuesto a todo tipo de enfermedades y conflictos que pueden escalar hasta llegar a poner en peligro nuestras vidas. Pero no solo nos exponemos a un padecimiento irreversible o a perder nuestra vida por complacer los deseos de la carne, sino que nos exponemos a perder nuestra salvación y derecho a estar con el Altísimo por la eternidad.
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