“Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio.”
Filipenses 1:12 RVR1960
Suele decirse que la vida es con dolor. A lo largo de nuestra existencia encontramos más momentos difíciles, de sufrimiento y angustia que felices, porque mientras la sensación de felicidad puede venir por diferentes circunstancias, muchos son los orígenes de sentimientos que nos resultan adversos, como el temor, la preocupación, la incertidumbre. Vivimos en un entorno hostil y nunca lo transitamos desde un lecho de rosas. Cada una de nuestras decisiones y pasos en la vida están cargados de lucha y dificultad, desde nuestro nacimiento, pasando por diferentes etapas de crecimiento, trabajo, búsqueda de pareja, y hasta nuestra vejez. Pero, aun así, la vida vale la pena vivirla.
No solo nuestro cerebro nos ayuda a olvidar los momentos difíciles, sino que no siempre estos momentos son tan adversos como los percibimos. El apóstol Pablo habla a los filipenses del tema diciendo: Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio. Él había sufrido prisiones, maltratos, castigos, los cuales no sucedían en tiempos de su juventud, sino en su vejez, haciéndolos más difíciles de soportar por la fragilidad de su cuerpo. Sin embargo, habla acerca de cómo en ese período había visto la mano de Dios sobre él, cómo habían sucedido hechos poderosos, de cómo su testimonio en las prisiones había impactado en la vida de las personas y se estaban volviendo a Cristo.
Para los cristianos, aun las dificultades nos ayudan a bien. Las crisis más duras redundan en cosas favorables. No solo veremos siempre la presencia de Dios en los momentos más oscuros, sino que nos traerá con un testimonio de Su poder para los que están débiles en la fe, o los que están pasando por un momento igual. ¡Confía en Dios! ¡El Señor te bendiga!
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