“Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú”
Marcos 14:36 RVR1960
Este es un día cargado para Jesús, lleno de eventos de gran importancia. Es la celebración de la Pascua, en la fiesta de los panes sin levadura, y se lleva a cabo bajo las instrucciones precisas del Mesías. Nuevamente hace uso de Su omnisciencia, conociendo de antemano que habría de suceder y que decir. Tiene lugar la última cena, y la institución de la Cena del Señor. Jesús sabe que entre ellos está quién lo iba a traicionar, Judas, sentado a la mesa junto a Él. Anuncia que lo abandonarían, y hasta que Pedro lo negaría tres veces. Con gran nivel de detalle sabía lo que acontecería.
Y luego, se retiran al huerto de Getsemaní a orar. Cristo manda a Sus discípulos que le esperaran mientras Él oraba, y se lleva a Pedro, Jacobo y Juan para que le hiciesen compañía. Muy grande es la aflicción que le sobreviene. Siente angustia, pues vendría un tormento inimaginable sobre Él, y sabía que no habría nadie a Su lado. No tiene miedo. En muchas ocasiones pudo haberse ido, no haber ido a Jerusalén, aprovechar la confusión para evadirse, pero sabe que tiene una misión divina que cumplir que solo puede hacer Él. Se relata que es tanta Su concentración y esfuerzo al orar, que gotas de sudor y sangre caían de su frente al suelo. Y en medio de esta agonía, hay un clamor: Padre, todas las cosas son posibles para ti, si es posible, evita que tenga que morir, pero que no sea como yo quiero, sino como quieras Tú. No hay respuesta, aunque ora consistentemente una y otra vez, y Él entiende que debe hacerse. Jesús, cien porciento hombre y cien porciento Dios, con el poder de resucitar muertos, llamar legiones de ángeles para que lucharan en Su lugar, o destruir completamente el planeta, decide seguir el plan de Salvación diseñado por el Padre. Por amor a la humanidad entera, por obediencia a Su Padre, entendiendo que ésta era la única solución posible y perfecta, entrega voluntariamente Su preciosa vida en rescate de millones. Por Su obediencia tenemos nosotros vida, por entender que el plan de Dios es perfecto y bueno para nosotros millones de almas han sido salvadas. Aún no podemos comprender o listar del todo los beneficios que trajo a la humanidad que el Salvador muriese ese día. Y todo fue posible porque obedeció y confió en Su Padre.
Puede que nosotros estemos orando también porque sabemos lo que Dios quiere que hagamos, y tratamos de evadirlo o que sea bajo nuestros términos y comodidades. Puede que sea una situación difícil, y que hasta nuestra vida esté en riesgo. Recordemos entonces el ejemplo de Jesús. Dios no nos va a poner a hacer algo que no sea crucial hacer, no arriesgaría nuestras vidas en vano, y ha prometido guardarnos. Y dependiendo de nuestra obediencia, grandes cosas pueden suceder. Ojalá el día que nos encontremos ante un momento similar, nuestra respuesta sea: no sea como yo quiero, sino como quieres Tú.
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