“asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado”
Filipenses 2:16 RVR1960
Una de las cosas que más reconfortan a los maestros y personal dedicado a la docencia es ver como las personas que han contribuido a formar se han convertido en personas de bien, profesionales exitosos y que aportan a la sociedad. Da alegría saber que las horas de trabajo trajeron resultados a las vidas de esos que fueron preparados en sus aulas. Lo mismo sucede con los maestros de escuelas dominicales, profesores de teología y líderes de la iglesia: les agrada ver como los hermanos con los que han estado trabajando se mantienen firmes en la fe.
Pablo escribe en su epístola a los Filipenses exhortándoles que se mantuvieran asidos a la Palabra de Vida, para que cuando se presentase delante de Cristo, pudiera enorgullecerse de no haber trabajado en vano. Hubo cosas importantes que el apóstol no olvidó, independientemente de cuántas iglesias fundó: el discipulado y mantenerse al tanto de lo que sucedía con los creyentes. Muchos en las iglesias se esfuerzan porque las personas se entreguen a Cristo, y hagan oración de fe, pero posteriormente se desentienden de ellos, y es frecuente que estos recién convertidos regresen al mundo porque no fueron guiados y el enemigo de la humanidad aprovecha estos momentos de duda y desconocimiento para arrastrarlos nuevamente a sus dominios. Vemos a Pablo pendiente de lo que sucedía con ellos, con un mensaje oportuno o una visita cargada de enseñanzas, aún cuando por su edad, enfermedad o persecución no lo hacía con la frecuencia que quería; pero siempre preocupado por aquellos a los que había traído a los pies de Cristo.
Si Dios le dio la posibilidad de tener personas que aceptaron al Mesías por intervención suya, no los descuide. Ellos son su responsabilidad ante Dios. Ore por ellos, guíelos en sus primeros pasos como creyentes, establezca un discipulado para fortalecer sus bases doctrinales, tenga comunión con ellos, y preocúpese por sus inquietudes y dudas. De este modo crearemos cristianos firmes, que no serán arrastrados nuevamente a las tinieblas por el engañador, y podremos tener tranquilidad de que no desatendimos a aquellos que fueron puestos por Dios bajo nuestro cuidado.
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