“Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos”
Mateo 9:37 RVR1960
En la actualidad se cree que hay aproximadamente 2 400 millones de cristianos en el mundo, lo cuál representa alrededor del 32% de la población mundial. Podría parecer que somos numerosos, pero si vemos que el 68% de la humanidad no conoce a Cristo, se encuentra en tinieblas y va hacia una eternidad de condenación, nos damos cuenta que hay mucho por hacer. Ser cristianos no es formar parte de un club social o un partido político, ni tener personas que aporten dinero; es ser salvos y tener una relación personal con el Creador del Universo.
Según relata Mateo en su Evangelio, Jesús de Nazaret recorría ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino, sanando enfermedades y dolencias del pueblo (Mateo 9:35 RVR1960). Y entre las multitudes fue movido a compasión, al ver las personas desamparadas y dispersos, víctimas de la dirección de los fariseos, y fueron atraídos por Cristo y dependían de él. Este escenario le llevó a decirle a sus discípulos: verdaderamente la mies es mucha, más los obreros pocos. La mies (lat. messis) significa cosecha. Este término se aplicaba especialmente a las cosechas de cereal. En el contexto de lo que habla el Mesías, se refería a la muchedumbre de personas necesitadas y dispuestas a la conversión y arrepentimiento de sus pecados, quizás inicialmente al pueblo judío, pero posteriormente al escenario mundial.
Del mismo modo en que no todo el mundo sabe segar, y se requieren trabajadores preparados, para predicar y mediar en la conversión de almas, se requieren personas divinamente llamados y capacitados para esta tarea. Los cristianos estamos pasivos, mientras miles de personas mueren diariamente, yéndose a una eternidad de condenación. Si cada uno de nosotros tuviese como propósito la conversión de 3 personas, llegaríamos a alcanzar el 100% de la humanidad para Cristo. Y si después continuamos tratando de alcanzar a otros 3 más, podríamos reducir las probabilidades de que personas sigan muriendo sin Dios. Necesitamos disponernos y sentir compasión por los que se pierden; y como dijo Jesús, rogar al Señor que envíe obreros a Su mies, pero agregando: heme aquí, envíame a mí.
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