“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”
Colosenses 3:2 RVR1960
El ser humano debe trazarse objetivos de vida, y tratar de alcanzarlos para dar un sentido a su existencia, y de este modo, enfocar sus esfuerzos en una dirección. Sea nuestra vida, la familia, el área laboral, las finanzas, todo debe estar guiado hacia metas que definimos y queremos lograr, teniendo así propósito. Cuando somos jóvenes, queremos una carrera que nos posibilite ser exitosos desde el punto de vista laboral; cuando trabajamos, queremos obtener logros o ascensos. Cada período viene con aspectos a lograr.
Pero todo esto tiene un marcado carácter terrenal. Pablo nos dice en esta porción de las Escrituras, que pongamos la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. En el versículo anterior pone como condición que, si hemos resucitado con Cristo, entonces busquemos lo que tiene que ver con Él. Si nos enfocamos en las cosas de este mundo, y nuestros objetivos están centrados en logros tales como reconocimiento, fama, riquezas, posesiones; estamos olvidando nuestro propósito y razón de ser. Estaríamos acomodándonos y amoldándonos a las cosas de este mundo, sin percatarnos que nuestra meta es hacer ganancia con Cristo. Es con la vista enfocada en el reino de los cielos como debemos vivir, teniendo como despreciables los bienes materiales y cualquier cosa que nos aparte de la vida venidera. Es en agradar a Dios donde debemos tener la vista fija, en servirle adecuadamente, obedecerle, honrar Su nombre y dar testimonio de Él.
Las cosas de este mundo pueden llegar a agradarnos más que lo que nos espera en la vida venidera. Podemos tener más apego a lo terrenal que a lo que Dios nos ofrece y olvidar lo que verdaderamente es importante. Nuestra vista debe estar puesta en el reino celestial, y tenernos por peregrinos en esta vida, viajeros que quieren llegar a su patria, la celestial.
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