“Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”
Romanos 10:10 RVR1960
Es frecuente encontrarse personas que solo sabes que son cristianas cuando casualmente lo dicen si las encuentras frente a la puerta de un templo. No tienes manera de identificarlas por su comportamiento, ni por su forma de hablar, ni de vestirse. Pasan por inconversos, y actúan como tal, sin diferenciarse en nada ni dar testimonio de Cristo con sus vidas. Sin embargo, cuando les preguntas, puedes sorprenderte al saber que llevan años asistiendo a una congregación.
El apóstol Pablo habla acerca de la posición que debe asumir un cristiano, cómo debe creer en Dios en lo más profundo de su ser y confesarlo a todas las personas. Dice: porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Sucede que las personas creen en Dios, pero prefieren no decir que son cristianos, sea por vergüenza, por miedo al rechazo o la burla, o por evitar perder un status social, y sea cual sea el motivo, se vuelve imposible conocer que son seguidores de Cristo. Precisamente esta confesión verbal del nombre de Jesús, fundamentalmente en tiempos de persecución y mientras se sufra por declararlo, es una prueba indispensable del discipulado y sello de los cristianos. Proclamar Su nombre con firmeza, independientemente de las consecuencias, es precisamente nuestra posición hacia Aquel que dio Su vida por redimirnos.
Ser cristianos debe ser motivo de orgullo y satisfacción, no de vergüenza y pena. Estamos declarando que creemos en un Dios que nos amó tanto como para dar a Su Hijo Unigénito en rescate por nuestras vidas, que nos ha adoptado como hijos, y nos ofrece salvación y vida eterna. Declaramos que tenemos valores absolutos, y no los ajustaremos a nuestra conveniencia, que hacemos el bien a nuestro prójimo. Declaramos que somos seguidores de Cristo, y que estamos dispuestos a interceder, ayudar, y anunciar el evangelio a todos, aún a nuestros enemigos. En este comportamiento, no hay nada de qué avergonzarse, ni nada que ocultar.
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