“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.”
Marcos 13:8 RVR1960
Desde hace algún tiempo la situación mundial ha ido complicándose cada vez más. Hace más de un año y seis meses comenzó una pandemia que ha afectado a todas las naciones, causando altos niveles de contagios y muertes, sumándose millones la cantidad de casos registrados. Con todo, sin importar la situación sanitaria, se han iniciado guerras, y se han dado pasos para crear condiciones para el inicio de un conflicto armado. Hay carencias de medicamentos, respiradores y falta de disponibilidad de camas en instituciones de salud. Se suma el hambre, falta de víveres y artículos de primera necesidad. Y para empeorar, el número de terremotos, huracanes, y desastres naturales se han incrementado.
Con todo, esta no es una situación inesperada. Hace más de dos mil años, Cristo anunció que tiempos así vendrían. Vemos en el Evangelio según Marcos, que nos dice: se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alboroto; principios de dolores son estos. Habla de que estos son principios de dolores, que cosas peores vendrían antes del fin. El pueblo cristiano se encuentra en estos momentos también en medio de esta situación, pero sabemos que Cristo está por venir, sabemos que estamos en tiempos finales, y a la espera del arrebatamiento de la iglesia. La situación actual es solo el cumplimiento de profecías dadas por el Hijo de Dios, y cosas aún peores esperan a los que decidan negarse a aceptar el regalo de salvación mediante el sacrificio del Cordero en la cruz.
No es tiempo de que los cristianos nos involucremos en política, cuestionemos gobiernos o nos rebelemos contra las medidas que se tomen, excepto para defender los valores y principios bíblicos en los que creemos. Mientras las personas están desesperadas y el pánico y el caos se adueña del mundo, los cristianos debemos estar en calma, con la esperanza y la mirada puesta en el Reino de Dios. Cada vez está más cerca el rapto de la iglesia, estos hechos ya están anunciados, y aunque hemos sido tocados y nos duele, sabíamos que sucederían. No es momento de incitar a la desunión, ni participar en protestas sociales. Es momento de anunciar el evangelio para que las personas sean salvas, orar por la paz de las naciones, por las personas que enferman a diario que Dios guarde sus vidas, es el momento de prepararnos y ponernos a cuentas con el Creador del universo, porque el día del Señor vendrá como ladrón en la noche, cuando nuestras miradas estén enfocadas en lo que sucede en el mundo y estemos descuidados espiritualmente. Los padecimientos actuales son solo el inicio, no permita que sus conocidos, amigos, familia o usted se quede, sino interceda y actúe para que vayan al llamado de Cristo.
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