“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”
Gálatas 6:2 RVR1960
Cuando uno se encuentra cargando un peso por una distancia larga, aunque sea ligero, llega el momento en que es imposible seguir llevándolo. Sin embargo, cuando se puede compartir la carga, es más fácil de llevar y permite que uno pueda descansar y reponerse del esfuerzo. Eso no ocurre solo con cargas materiales, sino también con las mentales y espirituales. Problemas o preocupaciones pueden ocasionar hasta enfermedades si las llevamos durante mucho tiempo sobre los hombros.
Cuando nos encontramos en esas circunstancias, se añora una mano amiga que ayude en este tiempo de dificultad. Y del mismo modo en que nos alegramos cuando podemos compartir una carga, dificultad o duda, debemos estar dispuestos a ayudar desinteresadamente si vemos que otros están atravesando por un momento de penuria. Se nos dice en esta porción de Gálatas: sobrelleven los unos las cargas de los otros y cumplan así la ley de Cristo. Cuando nos preocupamos y actuamos en favor de otros, estamos cumpliendo con el mandato de Jesús de amar al prójimo como a nosotros mismos. Si vemos a alguien desfallecer, debemos convertirnos en soporte para que la persona persevere y se reponga, dar ánimo, apoyar, interceder, y si es necesario, llevar la carga de la persona en su lugar.
La mejor manera de saber cómo obrar es pensar siempre en cómo nos gustaría que nos trataran, y de ese modo tratar a los demás. Todo esto, sin esperar que sean recíprocos con nosotros, puesto que lo hacemos por mandato de Cristo y por el amor que Él pone en nosotros.
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