Invócame el día de angustia

    “E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.”

    Salmos 50:15 RVR1960

    Las personas tienden a ofrecer su ayuda como modo de probar su amistad, pero muy pocos realmente están dispuestos a actuar en favor de otros, excepto cuando saben que habrá beneficios para ellos. Muy pocos son fieles a sus promesas, y se ha convertido en un asunto de formalidad, en la cual ni la persona verdaderamente quiere ayudar, ni espera que se le solicite su intervención. Del mismo modo, a la persona a la que se le ofrece la ayuda, sabe que es una cuestión de urbanidad.

    Mucho se ha predicado de la ayuda que recibimos de Dios si nos ponemos en Sus manos. El salmista recoge la intención de Dios al declarar: invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás. El Altísimo quiere que contemos con Él, que lo involucremos en las situaciones que tenemos, en nuestros sufrimientos, en nuestro dolor. Está a nuestro lado, y es fiel a sus promesas. A cambio, debemos testificar de sus obras en nuestra vida, su ayuda y su intervención en nuestras dificultades.

    Este es un aspecto que debemos experimentar por nosotros mismos. Es algo que le agrada a Dios, y que solo con dependencia, comunión, obediencia y perseverancia podremos aspirar. Debemos ser fieles a nuestras decisiones, y escoger a Dios antes que al mundo. Así tendremos un respaldo que nos librará sea cual sea la adversidad que venga en contra nuestra.

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