“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.”
Santiago 1:6 RVR1960
La fe es una de las características más misteriosas que tenemos los cristianos. Algunos sinónimos de la fe son confianza, fiabilidad o certeza, y está puesta fundamentalmente en Dios, Cristo o cosas espirituales. El que sea capaz de experimentarla una persona que vive en un mundo pragmático que niega todo lo que no sea probado científicamente, es únicamente posible mediante la intervención divina.
Las personas que vivimos por la fe somos objeto de burla y se nos llama con todo tipo de nombres ofensivos. Sin embargo, los testimonios que se dan cotidianamente son prueba suficiente de que no se está enajenado, ni se ha puesto la confianza en algo inanimado o sin vida. Tener fe en Dios y sus promesas es poco menos que una locura a ojos de los que no han tenido un encuentro con Él.
Tener fe, a la vista de todas las personas, es inherente a un cristiano, pero cuando usted inicia su vida en el Evangelio, que nunca ha experimentado nada similar, enfrenta el primer obstáculo: la duda. ¿Sucederá? ¿Será oída la oración? ¿Por qué me escuchará a mí? Muchas preguntas pueden venir a nuestra mente, algunas ocasionadas por nuestro ser, otras por el enemigo, que no nos quiere ver fortalecidos en esta área.
El apóstol Santiago es muy específico: pida con fe, sin dudar nada. Y a continuación compara a los que dudan con una ola del mar, arrastrada por el viento y movida de un lado a otro, sin constancia, sin firmeza y sin seguridad.
Sucede que la fe debe ser entrenada y fortalecida. Mediante nuestra comunión con Dios, el testimonio del Espíritu Santo y su función en nuestras vidas, y la dependencia total a las Santas Escrituras; paso a paso, reto tras reto y prueba tras prueba va creciendo nuestra convicción y certeza de que nuestras oraciones son escuchadas y respondidas, que no hay nada imposible para Dios y que podemos pedir y se nos dará, si oramos conforme a la voluntad de nuestro Padre Celestial. Pero el primer paso es saber que Él nos escucha y que debemos alejar toda duda de nosotros.
¿Lo ponemos en práctica?
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