El trato a los demás

    “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”

    Lucas 6:31 RVR1960

    Existe una tendencia en un numeroso grupo de personas que en sus relaciones interpersonales suelen ser oportunistas. En la mayoría de los casos, se relacionan con aquellos de quienes pueden obtener un beneficio. Sea desde el punto de vista intelectual, profesional, social o político, siempre tratan de rodearse de personas que aporten algo que no tienen.  Es sobre estos a los que dedican mayores atenciones y tienen detalles con ellos. Invitaciones, tratan de pasar tiempo con ellos y así descubrir elementos en común que puedan funcionar a su favor. De este modo se genera también una red de contactos que pueden sacarlos de un apuro.

    Los que no aporten nada en su favor, son mantenidos al margen. Y esto se ha convertido casi en una habilidad social para escalar posiciones. Desafortunadamente, son mayores los números de personas que tienen este comportamiento, y solamente las personas que tienen determinado valor para ellos son tratados adecuadamente. Pero sucede que a veces ellos mismos son víctimas de este modo de actuación, y entonces se sienten mal.

    En sentido general, tenemos muy buen concepto de nosotros mismos, y creemos que todo lo hacemos bien. Ser autocríticos no es la mejor de nuestras cualidades, y siempre apuntamos dedos hacia los demás, quedándonos nosotros libres de culpa. Pero cuando nos tratan de una forma que consideramos injusta, nos duele, nos molesta mucho, y podemos hasta dejar de tratar al causante de la situación. Queremos ser tratados de la mejor forma, como nosotros nos merecemos.

    Y Jesús de Nazaret nos dice en este pasaje que de esa forma en que nos gustaría que nos traten, debemos tratar a los demás. ¿Acaso no querríamos que nos perdonaran una deuda pendiente? ¿No quisiéramos que, si necesitamos algo de alguien, nos lo den? ¿No queremos ser tratados justamente, sin que vean qué provecho pueden obtener de nosotros? Esto exactamente es lo que se nos pide. La manera en que consideramos que debemos ser tratados, es la que tenemos que usar en nuestra interacción con los que nos rodean, independientemente de si son nuestros amigos o no.

    De este modo, la amabilidad, compasión, tolerancia, madurez y todas las características que apreciaríamos recibir de otros, seremos nosotros quienes la brindaremos. Y ser capaz de tratar a todas las personas por igual, sin menospreciar a nadie, hará que la transformación en nuestras vidas sea visible, dando testimonio de la obra del Espíritu Santo en nosotros.

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