El pago a los que atribulan

    “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan.”

    2 Tesalonicenses 1:6 RVR1960

    Ser cristianos no es sinónimo de tener una vida sencilla, ni libre de tropiezos, en la cual todo es color de rosa y saldrá a pedir de boca. Por el contrario, se sufre de tropiezos, tribulaciones, persecución, discriminación, humillación, entre otras muchas cosas, causadas no solo por seres espirituales, sino por las personas que nos rodean y no comparten nuestra fe. Muchos llegan a tener dudas, pues no es fácil ver a los inconversos prosperando mientras nosotros nos encontramos constantemente siendo cuestionados o recibiendo ataques, y quienes no resisten se apartan y regresan al mundo, pero todos en algún momento se han preguntado hasta cuando Dios seguirá permitiendo que esa situación contra los creyentes continúe.

    Es importante tener en cuenta algo, y es que padecemos tribulación a modo de prueba, la cual Dios nos capacita para soportarlas, y los que no las resisten es porque les falla la fe o la confianza en el Altísimo. Ciertamente las situaciones van haciéndose más difíciles, pero también tienen como objetivo perfeccionarnos y acercarnos a la imagen de Cristo. Sin embargo, ¿qué sucede con los que nos persiguen, atacan, se burlan y constituyen piedra de tropiezo? El apóstol Pablo habla de esto al decir: Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que los atribulan. Nuestro Padre es un Dios de justicia, y nuestros adversarios con sus acciones llenan la medida de su propia culpabilidad, de modo que recibirán lo que sus actos merecen. Es por eso que a los cristianos se nos llama a esperar en la justicia divina, y no actuar nosotros.

    El juicio de Dios comienza por la casa, y aunque somos cristianos, tendemos al pecado. Recibimos corrección mediante estas pruebas y tribulaciones actuales, para corregirnos. Pero en el futuro, los que nos encontramos atribulados tendremos reposo, mientras que los que nos atribulan recibirán castigo. No desmaye, ni dude, ni envidie a los impíos. Más bien debemos sentir misericordia por los que nos agreden e interceder por ellos, para que tengan un encuentro con Dios y procedan al arrepentimiento. ¡Dios te bendiga!

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