“Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.”
Romanos 12:10 RVR1960
Existen muchas sociedades y clubes sociales en el mundo, abarcando diversidad de temas y preferencias, desde deportes a hobbies y, a veces, independientemente de los rangos de edades. Algo tienen en común, y es la identidad hacia el club, en el cuál existe aprecio por los miembros y se defiende, demostrando un marcado sentido de pertenencia. Curiosamente, ser cristianos es más importante que formar parte de un club o membresía, pero falta ese sentido de identificación y aprecio hacia los hermanos de la fe.
Más que por tener motivos afines, y la similitud de aspectos que nos hacen pertenecer a la iglesia, existe una peculiaridad que hace que sea exclusiva y que no tenga igual al compararla con cualquier religión, hermandad, sociedad o membresía, y es Cristo. Él es cabeza de ese cuerpo de creyentes, los cuales deberíamos engranar unos con otros, haciéndonos parte indispensable de esa gigantesca maquinaria que tiene como objetivo predicar el Evangelio de Salvación, llevar luz a los que están en oscuridad, y extender el Reino de los Cielos, para que todos procedan a arrepentimiento y tengan vida eterna. Pero la realidad en los templos es otra. Los cristianos tienen desconfianza unos de otros, prefieren buscar inconversos para cualquier tarea o aspecto antes que a sus propios hermanos de la fe. Sin embargo, Pablo nos dice a los cristianos: Ámense los unos a los otros con amor fraternal; teniendo a los demás como más dignos que nosotros mismos. Dios nos llamó a unidad, no a separación, y no podemos estar enemistados o apartados.
Necesitamos bajar nuestras defensas, pues no estamos entre enemigos, sino entre hermanos. Más que otra cosa, es preciso tener amor fraternal los unos con los otros, apreciarnos, preferir tener amistad con los que militamos bajo la misma fe, pues en ellos es que tendremos que apoyarnos en momentos de debilidad. Pero no esperemos que otros den el primer paso, sino démoslo nosotros antes. ¡Dios te bendiga!
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