Dios trae consuelo a Sus hijos

    “Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.”

    Salmos 147:3 RVR1960

    Del mismo modo en que la vida está llena de momentos felices, trae su misma porción de tristezas. Y todo lo que nos alegra puede en su momento causarnos dolor. La misma persona que nos hace sentir contentos, cuando se va nos causa pesar; las personas nacen y alegran, y también mueren y nos entristece. Pero hay otras causas, como malos entendidos, despedidas por cuestiones migratorias, enfermedades, accidentes, desastres naturales, guerras. ¡Tantas cosas pueden provocarnos sufrimiento!

    Y dependiendo de nuestra edad, la dependencia que tengamos de lo que hemos perdido, sea una pertenencia, persona querida, una capacidad que teníamos, entre otras tantas, nos ocasiona dolor, cambia nuestro ánimo, varía la percepción de seguridad o de certeza en el futuro, estamos decepcionados y con el corazón roto. Nuestra fe se sacude, sentimos soledad y desamparo. Pero no estamos solos. El salmista dice de Dios en este pasaje, alentándonos: Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas. Aferrándonos al Altísimo, tendremos quien nos escuche, quien se compadezca y proporcione ayuda en momentos de incertidumbre, haciéndonos recobrar la tranquilidad.

    Sea cual sea el origen de nuestro dolor, Dios está con nosotros. Traerá consuelo y paz. Solucionará lo que esté mal, y en caso de pérdida permanente, serenidad, entendimiento de la situación, y las fuerzas para seguir adelante. Tenemos comprensión y guía de Aquel que todo lo puede, y sanará nuestro dolor. ¡El Señor te bendiga!

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