“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”

    2 Corintios 9:7 RVR1960

    El mundo en el que vivimos cada vez se centra más sobre las necesidades individuales y resta importancia a las colectivas. Campañas de marketing nos insisten en que nuestra persona tiene preferencia sobre lo demás, y slogans como: “lo mío primero” hace ver obsoletos valores como el altruismo, en el cual priorizamos el bienestar de otros aun a costa del nuestro.

    Existe una creciente indiferencia por las personas menos favorecidas de la sociedad, y cada vez son menos las personas dispuestas a ayudar con donaciones o dinero a estos grupos que crecen a diario.

    Dar algo a alguien se ha tornado en una inversión esperando obtener un beneficio, sea publicidad sobre un individuo o asociación, el cobro de intereses sobre lo prestado, o la devolución equivalente en otro momento. Pocas personas lo hacen con el ánimo de verdaderamente socorrer a los que están en peores condiciones de vida.

    Para los cristianos ayudar a las personas, más que una variante u opción es un deber. Debemos ayudar a los necesitados, a las viudas, a los huérfanos, a los que se encuentran en dificultades. Pero ¿cómo debe ser nuestra actitud al respecto?

    En este pasaje de la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios, él habla de este tema. Debemos dar a otros como nos hayamos propuesto hacer, no con tristeza porque preferiríamos quedarnos todas las cosas o pensando que nos va a faltar a nosotros, no porque estemos obligados o porque no quede otro remedio que dar, sino con alegría, sabiendo que la mano de Dios ha estado sobre nosotros y que lo que tenemos ha sido provisto por Dios, sea nuestro trabajo, pertenencias, víveres, todo. Y del mismo modo en que hemos recibido bendiciones de Dios, debemos ser canales de bendición a otros, teniendo en cuenta que estamos dando de lo que antes nos fue dado a nosotros.

    Es el Espíritu Santo quien nos llevará a dar, no de lo que sobra, sino de lo poco que tenemos, a aquellos que no tienen nada, recordando que Jesús de Nazaret decía que ayudando a los desvalidos era como hacerle esa buena acción a Él. Nuestro Padre Celestial ha usado a otros para que lleguen a nosotros Sus bendiciones. Hagamos nosotros lo mismo con alegría, dependiendo de Él en cada momento y dejando que otros experimenten el agradecimiento a Dios que antes pudimos sentir nosotros.

    A nuestro alrededor hay muchas personas que necesitan ayuda. Hoy es el día de comenzar a ser canal de bendición para otros. ¿Te animas?

    #DadorAlegre, #CanalDeBendicion, #MinutosConDios, #ReflexionesDiarias

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *