“Amaste el mal más que el bien, la mentira más que la verdad.”
Salmos 52:3 RVR1960
Un gran porcentaje de la población mundial no tiene a Cristo en sus vidas, y es frecuente encontrar personas que han tenido logros significativos, y se burlan de los creyentes al mostrarles sus riquezas y posesiones. Les preguntan que dónde está su Dios, les hablan de que mientras pierden su tiempo orando, ellos obtienen más dinero, que no necesitan a ningún dios para alcanzar sus metas, pero los cristianos ni eso pueden lograr.
Sin embargo, es interesante ver cuanto está dispuesto a abandonar una persona que no cree en Dios con tal de satisfacer sus ambiciones. Muchos pueden comprometer su felicidad, horas de descanso, tiempo con sus familias, y hasta su integridad con tal de alcanzar sus objetivos. La adulación, hipocresía, y la traición son la base de sus logros, pero también el ser implacables con los demás. Otros prefieren hacer pactos con demonios, a veces sin saber, pero otras con pleno conocimiento de causa, con tal de obtener méritos y fama. En lugar de volverse a Dios, lo han rechazado completamente y han abrazado cualquier otra forma de vida, mientras se ajuste a sus propósitos. De ellos, dice el salmista: Amaste el mal más que el bien, la mentira más que la verdad. Esta es solo una parte de la descripción que hace de estos individuos. Y sí, tienen lujos, pero sus almas están condenadas, porque han preferido cualquier cosa antes que el bien y la verdad.
Es importante ver cuáles son nuestros objetivos en la vida, no sea que, sin percatarnos, nos encontremos prefiriendo otras cosas antes que el bien y la verdad, enfocados en todo excepto en las que tienen como fuente a Dios. Que nada sea más importante para nosotros que nuestro Padre Celestial. ¡El Señor te bendiga!
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