“Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.”
Lucas 15:10 RVR1960
Evangelizar o predicar las buenas nuevas es una de las tareas más importantes de los cristianos. Se nos ha dado una misión de vital importancia: dar a conocer que nuestros pecados pueden ser perdonados si creemos que Cristo murió por nosotros, y que por su sacrificio podemos ser salvos.
El hombre es pecador por naturaleza. Pero existen personas moralistas que niegan que sean pecadores y la eficacia de la muerte de Jesús de Nazaret y su función en la salvación individual, enumerando lo buenos que son y que no han hecho nada malo. En una persona que se niega a aceptar el mensaje de salvación operan varios factores, entre ellos la influencia demoníaca, la presión del mundo, los placeres y excesos, y el desconocimiento acerca del propósito divino. Si bien no parece nada especial, cuando una persona decide aceptar a Cristo como Señor y Salvador, es el resultado de una batalla espiritual significativa, digna de celebración.
El versículo de este pasaje del evangelio según Lucas es la explicación final de la parábola de la moneda perdida relatada por el Mesías, en la cuál ilustra la alegría de Dios cuando un pecador se arrepiente y se reconcilia con Él. Cada uno de nosotros forma parte de la creación del Padre Celestial. Por nuestra voluntad decidimos alejarnos, así que cuando regresamos a Él es motivo de regocijo.
Precisamente por nuestra característica de seres imperfectos y de poca comprensión de las verdades divinas, nos resulta más significativo cuando Dios realiza sanidades y milagros en nuestras vidas y las de otros, sin darnos cuenta que el hecho más importante es la conversión de los que se pierden. Y nosotros tenemos un papel importante en esta transformación mediante nuestra predicación e intercesión por cada uno de los que no conocen el Camino, la Verdad y la Vida.
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