“Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.”
Marcos 9:50 RVR1960
La sal, también conocida como sal común o sal de mesa, es uno de los condimentos más antiguos e importantes de la cocina, llegando a considerarse que es el único imprescindible. Proporciona a los alimentos uno de los sabores básicos, el salado, y su uso modifica nuestro comportamiento frente a los alimentos, pues estimula su ingestión y es un generador del apetito. No solo es necesario su consumo, sino que también ayuda a conservar los alimentos y prolongar su duración sin corromperse. Curiosamente, su importancia para la vida es tal que ha marcado el desarrollo de la historia en muchas ocasiones, y llegó a constituir un tipo de moneda. La palabra salario deriva del latín salarium, que proviene de la cantidad de sal que recibía un legionario romano.
En el evangelio según Marcos, vemos que Jesús dice: Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonarán? Tengan sal en ustedes mismos; y tengan paz los unos con los otros. Se hace uso de la sal para referirse a la naturaleza única de los cristianos, pues el carácter y los principios de estos tienen el objetivo de detener la corrupción de la humanidad. Pero si esta característica que define a los cristianos no existiera, si la sal se vuelve sin sabor, ¿con qué se cambiará? ¿Cómo se restaurará su capacidad para dar sabor nuevamente? ¿Qué otra cosa podría tomar su lugar? Sobre el cristianismo depende la salud del mundo, y contiene la esencia y bases que pueden llevar la salvación a las vidas mediante Cristo. Quitar su existencia haría que la humanidad no tuviera esperanzas alguna de redención, quedando solo un futuro de juicio. Queda a cada cristiano la necesidad de entender que debemos retener en nosotros las características y naturaleza adquiridas de parte de Dios, para ser de bendición a todos a nuestro alrededor, y aun mas, entre nosotros.
Muchos cristianos quieren asemejarse al mundo, y de este modo dan pasos encaminados a perder su naturaleza como sal de la tierra. No debemos olvidar que somos canales de bendición a otros, ni permitir que no haya nada que se oponga al mal que reina en el mundo. Es Dios nuestra esencia única. No lo abandonemos jamás. ¡El Señor te bendiga!
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