“A causa del poder del enemigo esperaré en ti, porque Dios es mi defensa.”
Salmos 59:9 RVR1960
A muchas personas les gusta practicar deportes o hacer ejercicios. Además de las ventajas para la salud, les hace sentirse bien consigo mismo, aumenta la autoestima, entre otros aspectos. Hay quienes practican también deportes de combate, algunos como entretenimiento, otros para ser capaces de defenderse en contra de algún enemigo. Sin embargo, no siempre ser el más fuerte, o estar preparado permite escapar sin daño de nuestros enemigos. Un tigre puede ser sometido por una manada de lobos, que, aunque son inferiores en fuerza, su número les da la ventaja; mientras que el ataque venenoso de una serpiente puede llegar a matar a un elefante.
Nuestro enemigo cotidiano normalmente no muestra el rostro. A veces la persona que creemos que es nuestro amigo es nuestro más acérrimo contrincante. Nunca sabemos realmente quien se ha levantado en contra nuestra, ni su poder, ni de cuantos más se apoya. Y, a no ser que declare abiertamente su enemistad, estamos desconocedores del asunto, manteniéndonos vulnerables a sus acechanzas. El salmista declara: A causa del poder del enemigo esperaré en ti, porque Dios es mi defensa. Y es que cualquier cristiano sabe que no puede confiar en sus fuerzas ni en su capacidad, sino solo en Dios. Él es nuestra defensa de 360 grados, que protege nuestro pie de caer en trampas, que hace insignificante el poder numérico o real del que venga contra nosotros. Ante cualquier situación, solo debemos esperar en el Altísimo y mantenernos aferrados a Él.
Sea cual sea la amenaza, independientemente del enemigo, tenemos defensor en Dios. Nos mantendrá a salvo y protegidos porque nos ama, y porque es fiel a Sus promesas. Esperemos en Él confiadamente y nada podrá hacernos mal. ¡El Señor te bendiga!
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