El yugo de Cristo

    “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”

    Mateo 11:29 RVR1960

    Un yugo es una pieza de madera para la labranza que se coloca encima de dos bueyes, uniéndolos en yunta. Y cada vez que pensamos en este instrumento, nos trae a la mente trabajo, carga o sumisión. Sin embargo, Cristo le da un contexto totalmente distinto.

    Jesús dice:  Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Esto puede resultar contradictorio, ¿cómo un yugo puede generar descanso? Cristo se refiere a que nos sometamos a Él, que dobleguemos nuestra voluntad e imitemos su conducta, tomándolo como modelo de mansedumbre y humildad de carácter. En este yugo podemos percibir la obediencia absoluta a la voluntad del Padre, aquella que tuvo el Mesías hasta los últimos momentos de Su permanencia entre los israelitas. Y el premio por ello es la calma para el espíritu, la cuál fue experimentada por el Hijo de Dios y por su propia experiencia, nos invita a imitarlo. Pero no es solo eso lo que obtenemos, sino también la posibilidad de morar con el Padre Celestial por la eternidad.

    Someter nuestro ser a Cristo, llevar Su yugo, es lo mejor que podemos hacer. Más que una limitación, nos da verdadera libertad. Más que carga, nos da descanso. Y el pago que recibiremos por nuestra obediencia es eterno, de salvación y vida. ¡El Señor te bendiga!

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