Los que entrarán al reino de los cielos

    “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”

    Mateo 7:21 RVR1960

    Vivimos en un mundo de apariencias, donde nada es como se promete. Muchas personas aparentan ser felices, cuando realmente llevan vidas de sufrimiento; mientras unos parecen increíblemente ricos, realmente se encuentran en bancarrota; actores y cantantes que se nos presentan como cercanos a sus fans, pero aborrecen tenerlos cerca. A veces nosotros decimos estar satisfechos con nuestros trabajos, y no hay nada más lejos de la realidad. Ser capaces de aparentar algo que realmente no sentimos o somos se ha vuelto parte de la cotidianeidad, y una habilidad social. Sin embargo, en el ámbito espiritual, esto puede tener consecuencias nefastas.

    Este pasaje forma parte, junto a otros versículos, de una situación anunciada por Cristo acerca de personas que aparentan ser cristianos o se autoengañan al respecto. Él dice: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. La repetición de la palabra Señor denota un celo en otorgar el título a Jesús. Era un modo de énfasis israelita, y pretendía connotar una familiaridad con el Hijo de Dios que era inexistente. En este y en los versículos siguientes se habla acerca de las personas que alegan conocer y tener comunión con el Mesías, que profesan su fe verbalmente, pero sin obedecer la voluntad de Dios. Es interesante que, mediante apariencias, pueda llegarse a tener un ministerio amplio y espectacular, usando la autoridad de las Escrituras y el nombre de Jesús, sin tener una relación con Él verdadera, pero esto no le dará salvación. El propio Cristo a quién invocan, les desmentirá y negará en el postrer momento. El aspecto crucial para cada creyente es la obediencia a Dios, como mismo hizo Jesús.

    No nos engañemos. Podemos aparentar ser fieles creyentes ante el mundo, pero esto no nos dará salvación. Solo la obediencia y sometimiento a la voluntad de Dios genuinamente nos hace formar parte del reino celestial, no por apariencias, sino por una vida de dependencia y comunión real. ¡El Señor te bendiga!

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