“Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones.”
Filemón 1:4 RVR1960
Cada uno de nosotros, en nuestras vidas en Cristo, tenemos personas que han intercedido por nosotros, que estuvieron orando y nos predicaron el Evangelio, que fueron nuestros maestros de escuela dominical, han pastoreado nuestra congregación, o son nuestros líderes. Pero también puede ser que tengamos personas que han aceptado a Jesús por mediación nuestra, al ser herramientas en manos de Dios para la salvación de los que se pierden. Puede ser que tengamos un ministerio de liderazgo, de evangelismo, o que sencillamente hayamos sido usados para alcanzar almas, pero en sentido general, luego de que las personas comienzan a asistir al templo continuamos con otros, despreocupándonos de los anteriores.
En su epístola a Filemón, Pablo escribe: Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones. Él era un líder de la iglesia de Colosas, que acogía en su casa una comunidad de seguidores de Cristo, que por el contexto de lo escrito (Filemón 1:19 RVR1960), parece ser convertido por mediación del apóstol. En su saludo, Pablo dice que le daba gracias a Dios, y lo recordaba siempre en sus oraciones. Este es un aspecto importante. Tenemos responsabilidad con las personas que llevamos a los pies de Cristo, y no termina cuando se incorporan a la iglesia. Es nuestro deber apoyarles en oración para que no se aparten, interceder por sus problemas y preocupaciones, asistirles y estar atentos a su crecimiento espiritual, como parte del discipulado. Esta es la manera correcta de obrar, de este modo evitamos que el enemigo los arrebate nuevamente para el mundo, por encontrarse solos sin nadie a quién preguntar las dudas, avanzar en la vida cristiana, o siquiera saber cómo orar a Dios.
Somos responsables de los nuevos convertidos que llevamos a Cristo. Tengámoslos siempre en nuestras oraciones, intercedamos por ellos en cada momento de comunión con Dios, para que sean fortalecidos y no se aparten, contentos con su crecimiento, y preocupados por sus dificultades. No los abandonemos. ¡El Señor te bendiga!
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