“por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe.”
1 Tesalonicenses 3:7 RVR1960
El magisterio es una rama profesional que se encuentra llena de historias conmovedoras de cómo un docente ha tocado e influido en la vida de sus alumnos, haciéndoles abandonar malos hábitos, períodos de depresión, angustia o soledad. Estos niños o adolescentes han guardado con agradecimiento ese acontecimiento que cambió sus vidas, y recuerdan con lágrimas a aquellos que encauzaron sus pasos para hacerlos personas de bien. Sin embargo, un maestro o profesor debe impartir clases a muchos estudiantes a lo largo de su carrera profesional, y le es imposible mantener un seguimiento de cada uno de sus estudiantes, más cuando debe lidiar con nuevos retos a diario.
En una circunstancia similar se encuentran aquellos que han sido usados por Dios para llevar a alguien a los pies de Cristo. Aunque no es una profesión en sí, ni perciben un salario por ello, las personas que han predicado la palabra de Dios a quienes no conocen a Jesús han influido en sus vidas, pero, a diferencia de los maestros, tienen una responsabilidad para con esos recién convertidos y su discipulado. Pablo escribe a los cristianos de la iglesia de Tesalónica: por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe. Él había quedado preocupado, pues les predicó y estableció una iglesia allí, ya que había tenido que salir abruptamente por ser perseguido y luego en medio de situaciones tensas con filósofos de Atenas, decidió enviar a Timoteo a saber de ellos. Y en medio de cualquier situación desfavorable, recibir noticias de que ellos perseveraban en lo aprendido, que estaban firmes en la fe, fue un alivio y consuelo. A veces en la iglesia vemos que hay celos porque un recién convertido crece espiritualmente, porque está fortaleciéndose en la fe, y esto, más que causarnos malestar debería alegrarnos, máxime si es resultado de nuestra oración y discipulado.
Nuestro trabajo no termina cuando alguien a quien predicamos acepta a Cristo. Somos responsables de ellos, porque descuidarlos podría hacer que regresaran al mundo. Debemos estar pendientes del crecimiento espiritual de ellos, si están firmes, si tienen algún obstáculo; intercediendo y teniendo del mismo modo motivo de alegría por su madurez en el Evangelio. ¡El Señor te bendiga!
#ResponsabilidadCristiana, #NecesidadYAfliccion, #ConsueloPorSuTestimonio, #MinutosConDios, #ReflexionesDiarias