“Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz.”
Miqueas 7:8 RVR1960
La bondad se ha enfriado mucho en las personas actualmente. Es frecuente ver gente que se alegra de las dificultades y tropiezos que tienen sus semejantes. Existe mucha maldad y malas intenciones disfrazada de simpatía, y no solo los enemigos actúan de este modo, sino hasta algunos que se hacen pasar por amigos. Y, lejos de querer ayudar o mostrar empatía, se percibe un deseo malsano de querer saber las particularidades de los problemas, con el ánimo de burlarse o de contarlo a otros.
Vemos en Miqueas que, personificando la voz del pueblo de Israel, dice: Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz. Esta enemiga sería Babilonia, pero hay una declaración en la que alerta de que no se burlen ni sientan alegría, porque estarían caídos, pero se levantarán nuevamente, confiando en Dios para llevarlos nuevamente a luz. Esto también es algo que los cristianos podemos decir con seguridad: aunque nuestros enemigos se alegren porque hayamos caído, Dios nos hará levantarnos, si desfallecemos, Él será nuestra fuerza, y si estamos en tinieblas, aferrados a Él, será nuestra luz.
Nuestra confianza debe estar puesta solo en Dios. No sabemos las intenciones de las personas, pero podemos tener certeza de que el Todopoderoso no nos va a fallar ni nos abandonará. Si fallamos, nos perdonará y regenerará; si estamos afligidos, nos dará paz; si necesitamos ayuda y protección, la podemos encontrar en Él. Pero si dependemos de Él, no solo será nuestra luz, sino que hará que nosotros seamos luz para los que están en tinieblas a nuestro alrededor.
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