“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.”
Romanos 15:1 RVR1960
Nuestro andar en los caminos de Dios no es sencillo. No es solo lidiar con los embates del enemigo, las tentaciones a las que nos enfrentamos en el mundo, y las dificultades que acechan a cada instante, sino también los aspectos éticos y morales de nuestra característica como cristianos, velar por nuestro testimonio, evitar ser piedra de tropiezo para otros, y así sucesivamente.
Y dentro de este aspecto, hay algo importante. Aunque las personas tratan de vernos así, los cristianos no estamos encadenados por las ataduras de la fe, ni llenos de limitaciones. Somos libres en Cristo, y esto no implica solamente libertad del yugo del pecado. Sin embargo, mientras crecemos en madurez espiritual, nos percatamos de que no todos asimilan del mismo modo la condición que tienen como hijos de Dios. Y existen quienes son incapaces de mantenerse en equilibrio, y van a extremos, sea en el legalismo, o el libertinaje. Pero otros aprovechan esa libertad para, sin llegar a excesos, darse gustos sin importarle las personas a su alrededor. Pablo dice: Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Con esto, exhorta a los creyentes firmes en la fe a que, por amor a nuestros hermanos en Cristo más débiles, entendamos las flaquezas de ellos, y nos alejemos de las cosas que puedan hacerles tropezar. Muchos nos ven para criticarnos, pero un comportamiento nuestro puede hacer tropezar a un hermano de la fe.
Como cristianos, estamos llamados a hacer sacrificios por amor en favor de otros. Dejar de hacer cosas que puedan hacer tropezar a nuestros hermanos, aunque sepamos que no hay pecado en ello, es una muestra de madurez espiritual, y es algo que agrada a Dios. ¡El Señor te bendiga!
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