“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”
Efesios 6:4 RVR1960
Ser padres es una de las responsabilidades más grandes que tenemos como adultos. Preparamos para la vida a un nuevo ser, que llegamos a querer con el alma, pero para lo que no necesariamente estamos listos ni sabemos cómo enfrentar esta tarea. Y esto no se estudia en ninguna escuela o universidad, no hay talleres ni seminarios, se hace de modo espontáneo, y con más desaciertos que aciertos. Cuando ya creemos tener experiencia en como criar los hijos, entonces somos abuelos, y nuestros hijos no escuchan nuestros métodos, por creernos anticuados. Y esto se vuelve un ciclo, en el cuál no sabemos a ciencia cierta cómo realizar tan importante tarea.
Esta falta de pericia es la que puede hacernos llegar a ser injustos con los pequeños, pudiendo llegar a causar hasta rechazo por parte de ellos hacia nosotros. Padres incomprensivos, intransigentes, extremistas, o de temperamento cambiante, todos estos comportamientos son nocivos en un ambiente filial.
En este pasaje de Efesios, Pablo habla a los padres cristianos, llamándoles a no causar que sus hijos se enojen, más bien a que sean criados con disciplina y corrección de la forma que Dios determina. ¿Cómo entender esto? Evitándole a los hijos órdenes humillantes, tonos despectivos, culpándolos sin razón, o con un carácter inconstante. Nuestras exigencias para ellos deben ser vistas mediante el ejemplo personal, no con palabras que no están respaldadas por nuestros actos. No podemos exigir a nuestros hijos que no roben o mientan, si los primeros en hacerlo somos nosotros. Debemos educarlos con nuestro propio ejemplo. Si ellos se equivocan, recordar que debemos disciplinarlos en el acto, pero bajo el principio del amor y sin exageraciones o abusos. Tener en cuenta que debemos regañarles con palabras para corregir su conducta, pero siempre teniendo en cuenta que es lo que ellos ven de nosotros lo que más se va a quedar grabado, no lo que digamos. Pero todo esto debe ser sobre el basamento de la Palabra de Dios, con principios éticos y morales, pero primando el amor, la justicia y la compasión, pidiendo dirección a quién en Su naturaleza de Padre Celestial, puede guiarnos adecuadamente en nuestro desempeño como padres.
Teniendo estos pasos en cuenta, recordando que los hijos son una bendición divina, y siendo receptivos a lo que Dios nos indica, no podemos fallar. Seremos los padres que nuestros hijos necesitan, y les llevaremos en el futuro a ser hombres y mujeres de bien.
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