Confiando en nuestro Pastor

    “Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.”

     Salmos 23:4 RVR1960

    La muerte es algo a lo que tememos todos los hombres. Aun cuando morir podría ser un fenómeno simple y cotidiano, no es asimilado adecuadamente. El ser humano está diseñado con un instinto de autoconservación para evitarse daños y guardar su vida. Lo que espera después de la muerte es un misterio para el hombre que niega lo escrito en la Biblia acerca de este tema, y lo desconocido genera temor, siendo esta una de las razones por las cuales rechazamos toda aceptación de la muerte.

    Ante la posibilidad de perder la vida, nuestro organismo reacciona, y nos disponemos a evitar lo que nos amenaza, respondiendo de dos maneras: enfrentándolo o huyendo. Es interesante como, aunque haya algo que nos proteja, siempre queda algo de recelo, porque nuestra vida está en peligro.

    En este pasaje, David habla directamente a Dios. Usa una alegoría, empleada varias veces en las Sagradas Escrituras, en la que somos ovejas y el Todopoderoso nuestro pastor. El valle de sombra de muerte es un lugar por el que transitamos en el que acechan peligros, y sigue una declaración de confianza, en la que se afirma que no se temerá ningún mal. Está seguro de que Él estará a su lado. La vara y el cayado eran útiles característicos de los pastores. El cayado era un bastón de 2 metros con una especie de horqueta o gancho en la parte superior usada para auxiliar a las ovejas en caso de que cayeran en un agujero o si no se podían levantar, además de servir como arma contra animales salvajes. Por su parte, la vara medía un metro aproximadamente y era utilizada para redireccionar las ovejas si se salían de rumbo. Estos instrumentos del pastor aseguraban que ninguna amenaza vendría contra las ovejas. El pastor combatiría los peligros, ayudaría en caso de que peligraran sus vidas, y guiaría el camino por el que debían ir.

    En la actualidad, día a día vivimos en un valle de sombra de muerte. El ser humano es frágil, y muchas amenazas nos rodean. Pero, siguiendo el ejemplo del rey David, podemos vivir sin temor, porque Alguien guía nuestros pasos, está dispuesto a enfrentar los peligros a nuestro alrededor y ya dio la vida por nosotros, para de este modo, darnos vida eterna. Dejémonos llevar, escuchemos Su voz y obedezcámosla, para que ningún mal nos sobrevenga.

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