“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.”
Isaías 54:10 RVR1960
Un pacto (lat. pactum) es un acuerdo, convenio o tratado solemne, estricto y condicional entre dos o más partes en el que se establece una obediencia a cumplir uno o varios acápites establecidos en un contrato formal. En el contexto de la Biblia, es la forma que Dios ha escogido para comunicarse con nosotros. Él ha establecido pactos con los hombres, iniciando con Adán (Génesis 3:15-17), definiendo la relación entre ellos luego de la caída y condicionando la vida humana. Continuó con Noé cuando aseguró que no exterminaría más todas las criaturas con aguas de diluvio (Génesis 9:9-11 RVR1960), posteriormente con Abraham al decirle que haría de él una gran nación (Génesis 12:1-3), entre otros. Sin embargo, los dos más significativos son los llamados antiguo y nuevo pacto, el primero hecho con el pueblo de Israel a través de Moisés y el segundo el hecho con toda la humanidad mediante Jesucristo.
El nuestro es un Dios de pactos. En este pasaje de Isaías, asegura que los montes se moverán, y los collados temblarán, pero ni la misericordia se apartaría, ni el pacto de paz que estableció se quebrantará. Puede haber cualquier cambio en el mundo, aún en la geografía, pero las decisiones del Todopoderoso permanecerán. Esta característica es la que hace que el hombre no pueda pactar con Él, sino el Altísimo con nosotros, pues la naturaleza inconstante nuestra nos hace incapaces de cumplir lo que acordamos. En el antiguo pacto, aún cuando castigó la rebelión del pueblo de Israel, siempre tuvo compasión de ellos y les restauraba, fiel a sus promesas. En la actualidad, mientras le fallamos una y otra vez, mantiene sus manos extendidas en favor de nosotros, garantizándonos perdón y vida eterna si somos capaces de humillarnos y arrepentirnos de nuestras malas acciones.
En momentos en que estamos afligidos y desesperanzados, cuando creemos que no tenemos perdón, recordemos que nuestro Padre Celestial hizo un pacto con la humanidad mediante el sacrificio de su Unigénito, y que es para cada uno de nosotros. Recordemos que Él es fiel, que sus promesas permanecen para siempre, y que cuando todo falle, estará aún a nuestro lado, misericordioso, ofreciéndonos paz, salvación y vida eterna.
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