“Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?”
Lucas 13:2 RVR1960
Cuando a las personas le suceden cosas que no son esperadas y les cuesta la vida, genera una conmoción. Sea producto de enfermedades, violencia o desastres de cualquier índole, ante esta noticia de muerte se trata de hallar una explicación de por qué sucedió así. Si la persona es cristiana, causa más desconcierto, pues es conocido que Dios ha prometido cuidar a Sus hijos, y no se supone que le pase nada a los creyentes, solo a los que están en pecado.
Debemos tener algo en cuenta: Dios prometió protegernos, pero no dijo que nunca moriríamos. Más aún, los apóstoles, las personas más cercanas a Jesús, murieron, casi todos de forma violenta. A morir y presentarse ante el Padre se refería Pablo cuando hablaba de acabar la carrera, y es algo por lo que todos pasaremos a no ser que Cristo llame a la iglesia antes. Tenemos una fecha en la cual iremos ante Dios, y una causa de muerte. En el contexto de esta porción, unas personas se acercan a Jesús y hablan de que unos galileos habían muerto por orden de Pilato y que su sangre se había mezclado con los sacrificios que presentaban. Jesús les dijo: ¿Creen que esos galileos, porque padecieron eso, eran más pecadores que los otros? Es probable que los que hablaron de este hecho querían escuchar la opinión del Hijo de Dios acerca de esas muertes, pero el Mesías utilizó otro enfoque del mismo evento. Que murieran de ese modo no tenía que ver con un castigo, aunque quizás si se relacionara con sus decisiones de vida, pero aún si la causa era por eventos naturales, lo importante no era el por qué ni cómo había sucedido, sino si estamos preparados nosotros, como dice posteriormente: si no se arrepienten, todos perecerán igualmente.
No porque alguna persona o cristiano muera es por ira divina, o porque era más o menos pecador. Ya está dando cuentas ante el Juez del universo, pero ¿cuándo será el momento de nosotros morir? Todos somos pecadores, y debemos tener cuidado de estar a cuentas con Dios. Las personas que han partido antes no son mejores ni peores que nosotros. Cada día que tenemos es un nuevo regalo de Dios. Aprovechemos para reconciliarnos con Él, arrepentirnos, servirle, agradarle y adorarle, porque por gracia tenemos 24 horas más de vida.
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