“En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.”
Salmos 119:11 RVR1960
Todos hemos tenido amigos a lo largo de nuestra vida. Lograr ese grado de cercanía con otra persona requiere de tener intereses comunes, realizar actividades juntos, que exista afinidad, confianza, empatía, pero también saber respetar los límites que se establecen. Cada uno de nosotros tiene cosas que no somos capaces de tolerar, aspectos de la personalidad que nos hacen diferentes, y nos definen como individuos. Dentro de esto, hay acciones o actitudes que nos desagradan, y ser capaces de aceptar a los otros como son es lo que nos hace mejores amigos. Del mismo modo que nosotros identificamos qué no les gusta a otros, otros dejan de hacer cosas porque nos desagradan.
Con la familia sucede algo parecido. Nuestros padres nos aman, pero desde pequeños nos enseñan modos de conducta para nuestra correcta integración a la familia y a la sociedad. Nos enseñan respeto y limites, que hacer y que no hacer. Esto nos aleja de problemas con la ley y con otras personas.
Algo similar sucede en este versículo. El salmista eleva un canto diciendo que ha guardado los dichos o mandamientos de Dios en su corazón, para no pecar contra Él. Hay un deseo de agradar. Hay un esfuerzo por no desobedecer conscientemente. Y es que la comunión con el Padre Celestial trae grandes beneficios para nuestra vida. Pero no lo hagamos por los beneficios, sino porque se lo debemos: Él se acercó antes y ha hecho todo por nosotros.
Se ha acercado como Padre y como amigo. Dios busca tener una relación cercana, de amistad, íntima. Pero Él es Santo y exige determinadas cosas a cambio. Si por otras personas nos abstenemos de hacer cosas que los molesten, ¿cómo no hacerlo por el Creador del Universo?
¿Lo harás?
#AmigosDeDios, #PadreCelestial, #AgradandoADios, #MinutosConDios, #ReflexionesDiarias