“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”
Isaías 43:25 RVR1960
El perdón es la acción y resultado de perdonar. Se puede perdonar, entre otras cosas, una ofensa, una condena, una deuda. Es también la indulgencia o remisión de pecados. En la acción de perdonar, debería escucharse con misericordia a quien se disculpa y aceptarlo sin humillar o ser altaneros. Cuando perdonamos, deberíamos evitar volver a sacar la causa de disgusto inicial, y continuar nuestras vidas. Tristemente esto no sucede así. Es frecuente que un tema pasado sea utilizado recurrentemente a modo de humillar o sacar ventaja sobre la otra persona.
Vemos a Dios hablando al pueblo de Israel mediante el profeta Isaías, y les dice: Yo soy el que borro tus rebeliones por amor a mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Contra el Altísimo es que cometemos los pecados, y es Él quien puede y quiere perdonarlos. Usa la comparación de borrar las rebeliones como si fuese un libro de deudas, que cuando es saldada, la suma queda cancelada o borrada, haciéndolo por amor a Él mismo, y porque no se retracta de Su palabra. Añade que no se acordará de los pecados, y con todo, el pueblo judío no se volvía al Todopoderoso.
Pero esta conducta Dios la mantiene hoy en la actualidad. Está dispuesto a perdonar y olvidar todo el mal que podamos haber hecho, quiere reconciliación y que seamos vestidos de ropas blancas como la nieve. Basta que nos acerquemos a Él arrepentidos genuinamente. Y quiere de nosotros que seamos capaces de perdonar borrando permanentemente cualquier ofensa, del mismo modo en que nos han perdonado y no nos tienen nuestras faltas en cuenta. Hagamos lo que antes hicieron con nosotros, por amor a nuestro Padre Celestial.
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