“sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.”
Santiago 1:3 RVR1960
Un cristiano no logra vencer su naturaleza carnal y pecadora de la noche a la mañana. Posteriormente a recibir a Cristo como Señor y Salvador, hay un proceso gradual y ascendente mediante el cuál vamos perfeccionándonos con la ayuda y guía del Espíritu Santo, y, paso a paso, vamos regenerándonos y derrotando el pecado.
Pero, en este proceso, enfrentamos pruebas, las cuales son puestas por Dios para perfeccionarnos y que superemos nuestras debilidades. Si bien es un período de tensión, en el que somos confrontados con nuestras debilidades, Él está con nosotros, ayudándonos a rebasarlas. De este modo, damos pasos en nuestro proceso de santificación, forjamos nuestro carácter, maduramos y nos acercamos más al modelo de Cristo y a lo que Dios quiere que seamos como cristianos. Junto con la prueba, Dios da la salida. Cada vez que rebasamos una prueba, es una debilidad que hemos derrotado. Sin embargo, también obtenemos beneficios. Vemos en la epístola de Santiago que dice: sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia. Y esta es una característica que normalmente no poseemos, la paciencia. En medio de la prueba, nos desanimamos rápidamente porque queremos salir pronto de ellas, queremos respuesta inmediata a nuestras peticiones, y regresar a nuestro estado de normalidad.
Durante la prueba aprendemos a depender de Dios, a aferrarnos a Él para resolver nuestras situaciones, a aguardar Su respuesta y corroboramos que su tiempo es perfecto. Cuando pasa el tiempo, comparamos quiénes éramos en el pasado y al compararnos con quienes somos en la actualidad, comprendemos como hemos dejado atrás nuestra antigua naturaleza y nos hemos convertido en una mejor versión de nosotros mismos, la que Dios siempre quiso que fuéramos.
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