“A ti, oh Jehová, clamaré; porque fuego consumió los pastos del desierto, y llama abrasó todos los árboles del campo.”
Joel 1:19 RVR1960
Las personas que no creen en Dios tienen la percepción de que sus acciones no tienen consecuencias. Consideran que, porque no están sujetos a la obediencia a Dios, pueden hacer lo que les plazca. Este mismo comportamiento es visible también en los líderes de los países, los cuales dirigen y toman decisiones que afectan a millones de personas, y lo hacen desde la perspectiva de que solo ellos tienen el poder en sus manos, que nada ni nadie podrá arrebatárselos.
Pero no porque ignoremos o tratemos de negar a Dios dejará de estar ahí, viendo todo cuanto sucede. Y hay momentos en los que Dios ha desatado Su ira, en los que es necesario disciplinar a las personas, en los que nos estremece para que despertemos. En el contexto de este pasaje, vemos que una plaga de langostas que ha desolado los sembrados y lugares de pasto, dejando a personas y ganado sin alimento, azotados por el calor, siendo esto preludio del ataque de un ejército enemigo. Y Joel, viendo al pueblo indolente e insensible, expresa: A ti, oh Jehová, clamaré; porque fuego consumió los pastos del desierto, y llama abrasó todos los árboles del campo. Viendo la plaga y una amenaza tangible en contra de ellos, salta a la acción y comienza a clamar por su pueblo, con Dios como única esperanza para que la situación se restablezca y normalice.
Si nuestro país está en rebelión contra Dios, y diversas calamidades y desastres nos azotan, sin importar si las autoridades, líderes o todo el pueblo no lo hace, clamemos a nuestro Padre para que, por misericordia, calme Su ira y perdone nuestra nación. Y así, gradualmente, más se irán incorporando hasta que nuestra tierra sea sana y nuestras transgresiones perdonadas. ¡El Señor te bendiga!
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