“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;”
Mateo 5:44 RVR1960
La gran mayoría de las películas de acción que vemos en la actualidad tienen como eje central la lucha entre el bien y el mal, pero desde la perspectiva de que el antagonista ocasionó la muerte de alguien o está causándole un mal, y el héroe venga o libera a la víctima, teniendo un combate final lleno de efectos especiales el cual culmina con la victoria del protagonista.
Este esquema es tan aceptado, que las películas que difieren de lo que ya esperamos no nos agradan o preferiríamos que acabaran del modo convencional. Sucede que ese modo de actuación es el que se ha ido grabando de modo paulatino y se han dado muchos problemas porque las personas se han tomado la venganza por sus propias manos. Actos de violencia desencadenan otros, y continúan escalando entre otros miembros de familias rivales. La agresividad está a la orden del día, y muertes violentas ocurren cada minuto.
¿Pero cómo actuar de modo distinto? Jesús de Nazaret, como parte del sermón del monte, manda que se amen a los enemigos, que se bendigan a los que nos maldicen, que se les haga el bien a los que nos odian, y que se ore por los que nos ofenden y persiguen. ¡Qué gran contraste este! Más aún, que difícil es para las personas naturales hacer esto. Y en esto radica lo que debe diferenciar el comportamiento de los cristianos con el resto: lo único capaz de permitirnos cumplir esto es experimentar el amor de Dios en nosotros. En necesario aclarar que cuando se habla del amor a los enemigos denota amor moral, implica deseos benignos y compasivos, no se refiere a afecto; pero aún así, es difícil no responder a los que nos agreden o atacan de la manera en que creemos que merecen. Y esta es una de las cosas en las que los cristianos marcan la diferencia: Dios nos amó antes a nosotros sin merecerlo y nos llamó a Su lado cuando nosotros lo atacábamos y negábamos, ofendíamos e injuriábamos.
Es a la intercesión aún por los enemigos a lo que estamos llamados, a que sean librados de las vendas que los ciegan y salgan de tinieblas a la luz de Cristo, porque no sabemos si antes éramos nosotros los agresores y por la oración de alguien estamos nosotros en los caminos de Dios.
Este es un reto difícil, pero con la ayuda del Espíritu Santo, seremos capaces de lograrlo. Ya casi terminando el año 2020 ¿Te atreves a intentarlo?
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