Atribulados pero no angustiados

    “que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados”

     2 Corintios 4:8 RVR1960

    El ser humano se enfrenta a dificultades externas e internas a diario. Situaciones con sus semejantes, y en sus labores cotidianas, pero también dudas y problemas personales. Mayores conflictos se nos presentan a los cristianos que, por la fe, somos atacados con mayor ahínco. Al uno sentirse rodeado de vicisitudes, tiende a afectarse, a deprimirse y sentirse sin salida.

    Pablo, como apóstol atendiendo un importante ministerio, habla de su experiencia diciendo que estaban atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados. En el contexto, refiere la predicación de Jesucristo por parte de ellos como un tesoro contenido en vasijas de barro, haciendo alusión así a su fragilidad e inmerecimiento. Él sufrió persecución y cárcel, ataques de hermanos de la fe y de fariseos, fue objeto de calumnias y padeció limitaciones. Sin embargo, dice que, aunque tenían todo tipo de aflicciones, no estaban en angustia, que podían estar en dificultades, pero que no estaban desesperados. Fuese la situación que fuese, estaban en paz, y con certeza de que cualquier problema actual o venidero sería temporal, que Dios estaba con ellos, y tenían la vista puesta en la tarea encomendada por el Altísimo y en la eternidad.

    Si sientes que los problemas te abruman, es importante que sepas que Dios está contigo también. La dependencia y comunión con el Todopoderoso hace que tenemos una misión que cumplir, que comprendamos que tenemos ayuda en momentos de dificultad, que no estamos desamparados, que en medio de las mayores dificultades, tendremos paz y que no debemos desesperar, pues tendremos recompensa eterna.

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