“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino.”
Proverbios 3:13-14 RVR1960
Estamos viviendo en la era de la información. Las tecnologías de la informática y las comunicaciones, de conjunto con las posibilidades que brinda internet, han abarcado de tal modo todas las ramas del saber, que en la actualidad se habla de infointoxicación. Es tanta, que a veces resulta abrumadora. Curiosamente, mientras la información está cada vez más accesible desde cualquier dispositivo, hacemos menos uso de ella, y ejercitamos menos el cerebro.
Cálculos matemáticos sencillos son hechos con las calculadoras de los celulares. Computadoras de alta velocidad de procesamiento y con un almacenamiento capaz de contener la información escrita de 30 bibliotecas de Alejandría, son usadas para juegos de acción. Somos cada vez más dependientes de la tecnología, y hacemos menos uso de las capacidades cerebrales, enajenándonos y haciendo que las interacciones sociales sean hechas en su mayoría mediante dispositivos electrónicos. Irónicamente, mientras más información nos rodea, menos usamos nuestra inteligencia.
Sin embargo, el rey Salomón, soberano de Israel que trascendió hasta nuestros días por ser paradigma de hombre sabio, nos dice que es bienaventurada la persona que halla la sabiduría. El verbo usado acá literalmente significa: alcanza, procura esforzándose. No es algo que ha obtenido fácilmente. Ha sido resultado de una búsqueda ardua. Nos habla de obtener inteligencia, siendo este verbo equivalente a sacar metales excavados. La sabiduría, en tiempos de la antigüedad, tenía un marcado sentido práctico. Era la habilidad de poner el conocimiento en función de la resolución de problemas. Y compara la sabiduría y la inteligencia a la ganancia en plata obtenida comerciando o el oro.
En Proverbios 1:7 A dice: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;”. La inteligencia y sabiduría, más si proviene de Dios, nos hará saber hacer. Errar menos y dedicar tiempo a asuntos verdaderamente importantes. Atender a nuestra familia, interactuar con las personas, preocuparnos por los desvalidos, buscar la voluntad de Dios, cuidar nuestra salvación.
Esta inteligencia no habla de habilidad en los negocios, de que tanto dinero o cuantas propiedades tenemos. Habla de donde pasaremos la eternidad.
¿Has hallado tú la sabiduría?