“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían”
Hechos 16:25 RVR1960
Los cristianos somos los más perseguidos y cuestionados que hay. El defender un modelo cristocéntrico con valores éticos y morales que al mundo le cuesta reconocer, exponer verdades difíciles de aceptar porque cuestionan que el ser humano sea el centro de todo, que echan por tierra conceptos filosóficos, psicológicos y corrientes religiosas de moda, ha ocasionado que seamos objeto de ataque por parte de sistemas sociales, gobiernos y religiones.
Las críticas constantes a la que somos sometidos, la prontitud para extender un dedo acusador, la búsqueda de todo tipo de fallos posibles para generar descrédito son los ataques más frecuentes, visibles ahora más por el acceso a las redes sociales. Pero también hay países en los que los cristianos son multados, encarcelados y algunos pueden hasta perder la vida profesando a Cristo.
Aun cuando parezca difícil tener tantos factores en contra, se hace más fácil de sobrellevar cuando contamos con Dios en nuestras vidas. Esto es algo que solo un cristiano verdadero puede entender. Esta comunión con nuestro Padre Celestial es lo que hace que nosotros seamos capaces de entonar una alabanza en la hora más oscura de nuestras vidas, y que cantemos, aunque tengamos lágrimas en los ojos.
Hechos de los apóstoles es un libro histórico escrito por Lucas, y en esta porción narra acerca de cómo el apóstol Pablo y Silas, a medianoche, oraban y cantaban himnos a Dios, mientras los presos oían. ¿En qué condiciones se encontraban ellos dos? Habían sido acusados de alborotar la ciudad cuando lo que hacían era predicar la Palabra de Dios, y les habían rasgado la ropa, los habían azotado con varas repetidas veces, y fueron encarcelados, llenos de heridas y con los pies puestos en un cepo, que era un instrumento de reclusión, así como de tortura, pues se podían separar los pies de los prisioneros tanto como se quisiera para atormentarlos. Y ellos no cuestionaron a Dios por haberlos dejado caer presos, ni por estar cubiertos de heridas y golpeados, por el contrario, comenzaron a alabar y a orar, de modo que los presos les oyeron.
Esta actuación de ellos y lo que sucedió después, que la respuesta divina ocasionó un gran terremoto que abrió las puertas y cadenas de todos se soltaron, fue testimonio para los que lo presenciaron, resultando en la conversión del carcelero y los de su casa.
Y ese mismo Dios que hizo eso, es en el cuál creemos nosotros hoy en día. Puede ser que estés atravesando por una situación muy difícil, pero ese es el momento de alabar a Dios. Ora y cántale alabanzas. Alégrate, aunque sientas que no puedes más, porque esa confianza en Él y deseo de agradarle hará que te libre de la situación más adversa. Dios habita en medio de las alabanzas, así que adóralo de corazón y verás Su poder manifestarse en tu vida.
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