“Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha.”
Mateo 6:3 RVR1960
Los cristianos estamos llamados a amar a los demás como a nosotros mismos. Eso implica, dentro de otras muchas cosas, ser capaces de mostrar misericordia, compasión, y dar a los más necesitados. El término limosna (gr. έλεημοσύνη eleimosýni misericordia), aunque puede verse como denigrante y se prefiere evitar su uso para las personas que reciben dádivas, es el que describe mejor la acción, puesto que es dinero o bien que se da como ayuda a un necesitado, o ayuda voluntaria que se da a una institución o persona por caridad, sin esperar nada a cambio. Sin embargo, una acción tan buena, suele utilizarse con otros fines.
En la actualidad, estas donaciones a instituciones y organizaciones sin ánimo de lucro se han convertido en maneras de evadir impuestos, a la vez que se asumen falsas imágenes de generosidad, mientras muchos otros se filman para crear contenido en las redes sociales y ganar seguidores. Todo esto se ha convertido en una campaña de marketing o publicidad que les sale barata. Sin embargo, para las personas del mundo está bien que sea así, pues ellos no tienen ningún temor de Dios. Lo triste es cuando algunos llamados cristianos, líderes emergentes y personas con interés de subir en apreciación y cargos en la iglesia, se filman y fotografían dando donaciones, sean de dinero, ropa o comida, por demás en cantidades insignificantes, a creyentes o no creyentes necesitados, lo cual termina dañando la autoestima e imagen del que lo recibe. Pero más triste es cuando los pastores o guías espirituales, en vez de corregirlos, los alaban. Olvidan completamente lo dicho por Jesús: Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha. Él hacía aquí referencia a que nadie se enterase de los actos de generosidad que hicieras, para de esta manera obtener la aprobación de Dios.
Es un mandato del Padre Celestial el ayudar a los necesitados. Pero no actuemos como los hipócritas y busquemos reconocimiento de los hombres en vez del de Dios. Seamos humildes, ayudemos al prójimo con amor y ganas de servirles, en vez de querer exaltarnos nosotros mismos, pues estamos degradando a las personas y echando por tierra algo a lo que estamos llamados. ¡El Señor te bendiga!
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