Cuídense de los falsos creyentes

    Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo.”

    Filipenses 3:2 RVR1960

    Al hablarse de iglesia, las personas asocian dos aspectos diferentes, aunque hay muchos otros: los creyentes que conforman el cuerpo de Cristo, y el templo donde se reúnen. Esto es asimilado así hasta por la Real Academia del Español. Sin embargo, se espera que en la iglesia las personas que se reúnan sean todas fieles seguidores de Jesús, personas transformadas, regeneradas, maduras, que viven en santidad. Pero la realidad está muy lejos de ser así.

    Cuando alguien entra por primera vez a un templo, todo lo ve cómo se esperaría que debe ser. Pero al ir profundizando en el conocimiento de las personas allí, se da cuenta que no es como se había imaginado. Y es que además de que cada uno de los que se encuentra allí deseando seguir a Cristo genuinamente está en un proceso de transformación tratando de seguir los pasos del Hijo de Dios, hay muchos que han entrado a la iglesia que no tienen nada que ver con ella. Pablo alerta a los creyentes: Guárdense de los perros, guárdense de los malos obreros, guárdense de los mutiladores del cuerpo. Cuando dice perros, se refiere a personas impuras, abominables, enemigos de Cristo y desobedientes al Padre. Al hablar de los malos obreros, referencia a aquellos que aparentando trabajar para el ensanchamiento del Reino, lo hacían para sí mismos, buscando el enriquecimiento personal más que la salvación de almas y gloria de Dios. Por último, los mutiladores del cuerpo, aquellos que en su época insistían en la circuncisión y prácticas legalistas, pero en la actualidad, son capaces de dividir el cuerpo de Cristo al forzar una apariencia exterior que no va de la mano con convicciones y trato con el Espíritu Santo, sino una imposición acorde a lo que ellos consideran correcto. Cada uno de ellos hace daño de una manera u otra a los que verdaderamente buscan el rostro de Dios.

    Debemos ser cuidadosos, pues hay personas de mal en la iglesia, y sus obras los delatan. De todos ellos debemos guardarnos. Pide dirección a Dios y confronta todo con las Sagradas Escrituras para no dejarte confundir. ¡El Señor te bendiga!

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