Derribando lo que se levanta contra el conocimiento de Dios

    “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.”

    2 Corintios 10:5 RVR1960

    Los seres humanos tenemos en muy alta estima nuestra imagen, conocimiento y logros. Si partimos desde abajo, y llegamos a alcanzar prestigio, grados científicos, o aseguramos nuestra estabilidad financiera, nos hace sentir importantes, afianza nuestra autoestima, y suele llevarnos a elevar nuestro ego. Desde nuestra perspectiva podemos llegar a cuestionar todo lo que no es lo que conocemos, y en la actualidad, todo lo que no está respaldado por la ciencia. Sin embargo, es llamativo como grandes detractores de la fe cristiana han sido llevados a los pies de Cristo, y no han importado sus títulos o lo que ellos consideran científico.

    En el contexto de este pasaje, Pablo habla de que nuestras armas no son carnales, sino poderosas en Dios, y continúa hablando del ámbito de las mismas, diciendo que mediante ellas: derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. La apreciación de nuestra persona puede llevarnos a creer que somos importantes y grandes figuras en la sociedad, pero contrastados con Dios somos pequeñas motas de polvo. Y en muchas oportunidades, creyentes llenos de humildad, han tirado por tierra basamentos argumentales que tratan de refutar la religión cristiana. Y es que quien da esta sabiduría no es otro que el Altísimo, y una demostración de poder sobrenatural producto a una oración puede desmoronar nuestra confianza en el método científico. Pero no solo los incrédulos, también los cristianos debemos subordinar nuestro pensamiento a la obediencia a Cristo, evitando así cualquier sobrevaloración de nosotros y la posibilidad de cometer pecado.

    En Dios tenemos la posibilidad de impactar en quienes presentan argumentos en contra de nuestras creencias, y en la altivez que se opone al conocimiento divino. Pero debemos tener una sujeción y obediencia al Espíritu Santo, que nos posibilitará ser herramientas útiles para alcanzar estas almas para Cristo. ¡El Señor te bendiga!

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