“Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.”
Salmos 84:12 RVR1960
Cuando alguien que tiene gran posición económica y poder acoge a una persona y, sin segundas intenciones, le da todo tipo de privilegios y potestades, este sobre quien caen todos esos favores se siente altamente complacido. Tener la protección, disfrutar de los beneficios que se le brindan, y tener un atisbo de ese poder que ha sido transferido hacia uno, más si no hemos hecho nada para merecerlo, nos puede hacer muy felices. Es curioso cómo no entendemos que exactamente esto mismo ha hecho Dios con nosotros, con la diferencia que el poder al que se nos permite acceder no es humano, sino capaz de hacer milagros.
En este salmo, el autor declara las ventajas de vivir bajo la dirección de Dios. Le reconoce como protector, como sustentador y fuente de vida. También que la morada del Altísimo es el lugar natural donde cada ser humano debería estar. Y a modo de conclusiones, termina diciendo: Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía. El término con el que es llamado el Todopoderoso en esta oportunidad es bastante frecuente en el Antiguo Testamento. Aunque es cierto que Su presencia podía cambiar el curso de la batalla y dar la victoria a los que contaban con su favor, está más enfocado a la idea del poder, un poder que solo posee el gobernante supremo del universo, que tiene a Su mando numerosas fuerzas espirituales.
Dios nunca nos dejará ni nos desamparará. Es nuestro escudo, sustento y luz. Como Sus criaturas, fuimos concebidos para tener comunión con Él, es con quien debemos estar. Poder acceder a los templos a adorarlo es nuestro privilegio, y nuestra manera de agradecer todo cuanto ha hecho y hará por nosotros, pues confiar en el Padre Celestial es nuestra garantía de que seremos escuchados y respondidos.
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