“Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.”
Salmos 34:15 RVR1960
Los seres humanos no estamos acostumbrados a depender de Dios. Aun cuando tengamos un buen hábito de oración, al encontrarnos en problemas, nuestra primera reacción es tratar de resolverlos por nosotros mismos. Cuando no lo logramos, acudimos al Altísimo. Sin embargo, este no es el orden en el que debemos hacer las cosas. Deberíamos poner nuestros problemas en manos del Creador, y esperar Su respuesta, pero es frecuente que no tengamos la paciencia o la confianza en su pronta intervención.
El salmista declara: Los ojos de Dios están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. Nuestro Padre Celestial conoce todo lo relacionado con nosotros, y sabe nuestras necesidades. Pero debemos acudir a Él. Dios debe convertirse en nuestra principal fuente de ayuda y socorro. Al enfrentar problemas, necesidades, tribulaciones, dudas, cualquiera que sea la situación, debemos elevar un clamor. El Todopoderoso está presto a escucharnos y responder, pero quiere que dependamos y confiemos, que sepamos que Su tiempo es perfecto, y nunca llega ni antes ni después, sino cuando es preciso. Y, como Padre amoroso, nos educa para que exista mayor comunión, que hagamos las cosas adecuadamente, que crezcamos espiritualmente.
Es normal desesperarse, pues forma parte de la naturaleza humana querer salir con rapidez de las situaciones adversas. Sin embargo, la precipitación puede llevar a errores. En Dios siempre encontraremos una salida perfecta, una solución sin fallas. Es preferible esperar y resolver adecuadamente en el primer intento el asunto cuando confiamos en Él, a fallar una y otra vez y al final tener que acudir al Altísimo.
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