“Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A Él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.”
2 Timoteo 4:18 RVR1960
A lo largo de nuestras vidas, encontramos personas que nos desean bien genuinamente, sin dobles intenciones. Tristemente, son escasos. Y mientras a la gran mayoría no le interesamos, sí hay algunos que tratan de hacernos tropezar. Causas hay muchas, desde celos, envidia, o que sencillamente no les agradamos. Y estas personas cavan para nosotros trampas, que pueden ser tan sencillas como correr falsos rumores de nosotros para desacreditarnos, hasta tomar parte activa en acciones malintencionadas en contra nuestra.
Si somos cristianos, estos comportamientos se multiplican y se agregan burlas directas, maltratos, cuestionamientos, persecuciones, entre otras tantas situaciones. Enfrentar todo esto solos, podría hacernos desesperar. Sin embargo, el apóstol Pablo, que sufrió prisiones, descrédito, y todo tipo de ataques, escribe: Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A Él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén. Por su experiencia, sabía que Dios lo estaría guardando y librándolo de toda maldad en su contra. Nadie mejor que él para dar testimonio de cada vez que el Altísimo tomó acción en su favor, desvaneciendo los planes para hacerlo caer. Agrega que el Señor lo estaría preservando hasta que llegase al reino celestial, y concluye dando gloria a Su nombre, y dando por sentado que así sería, en un acto de fe tan efectivo como si pudiese ver ya lo que vendría.
Contra nosotros vienen situaciones, pero Dios no las dejará hacernos daño. Tenemos protector y escudo ante cualquier ataque. Él nos guarda aún de los que no tenemos conocimiento que sucedieron. Ante tanta dedicación hacia nosotros, no tenemos más remedio que agradecerle, glorificar Su nombre y confiar en Él, dando testimonio a otros de su permanente cuidado. Confiemos en Dios. ¡El Señor te bendiga!
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