“Jehová está lejos de los impíos; pero él oye la oración de los justos.”
Proverbios 15:29 RVR1960
La persona a la que se la hace una petición, en la mayoría de los casos, es alguien con quién tenemos muy buenas relaciones. Si no existe una buena relación con el otro individuo, nadie intentaría pedirle una suma considerable de dinero, que le haga un regalo costoso, o que haga algo de significativa importancia. La premisa fundamental sería conocer muy bien a la persona, y posiblemente ni en ese caso uno se sometería a hacer ese tipo de solicitudes. Del mismo modo, nos relacionamos con personas con las que tenemos aspectos afines, y a las que hemos aceptado su modo de ser y sus características, y han aceptado las nuestras.
Vemos en Proverbios que se nos dice: Jehová está lejos de los impíos; pero Él oye la oración de los justos. Si alguien no tiene una relación con Dios, y ni siquiera cree que Él existe, ¿por qué tendría Dios que responder sus peticiones, guardarle o ayudarle? Dios crea cerco alrededor de los que le obedecen, y, si bien no somos justos, somos justificados por la sangre de Jesús. Desde el mismo momento en que aceptamos a Cristo como Señor y Salvador, tenemos acceso a Su trono de gracia. Él escuchará nuestras oraciones y estará atento a nuestras necesidades incrementándose este estado conforme mejore nuestra comunión, dependencia y obediencia; pero no podemos pretender ignorarlo y que nuestros problemas y peticiones sean contestados. Debemos reconciliarnos con el Altísimo primero.
Muchas personas alegan que no sienten a Dios y que por eso no creen, pero no lo harán nunca, porque Él no tiene trato con los impíos ni tiene comunión con ellos, a no ser en casos excepcionales porque va a tratar con esa persona de forma específica. Acerquémonos a Dios. De este modo no solo serán escuchadas nuestras oraciones, además podremos relacionarnos con el Todopoderoso y tendremos salvación y vida eterna.
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