“Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.”
Gálatas 1:8 RVR1960
Varios hombres de fe con ministerios ungidos como predicadores o evangelistas, han sucumbido a los ataques de demonios o a su propio orgullo y, por falta de dirección del Espíritu Santo, creyendo que saben todo, o producto a sus ambiciones personales, han distorsionado el Evangelio de Salvación, convirtiéndolo en mercadería espiritual, apartados de la sana doctrina y arrastrando a miles de creyentes a doctrinas de demonios. Tristemente, una mala interpretación de un versículo bíblico, o sacarlo de su contexto, puede traer graves consecuencias, convirtiendo una palabra de edificación en una tentación, como en el caso de Satanás tentando a Cristo mediante versículos de la Biblia (Lucas 4:10-11 RVR1960).
A los creyentes de Galacia se les presenta una situación con maestros judaizantes que los confundían diciendo que Pablo enseñaba una nueva religión imperfecta y de segunda mano, hablando además acerca de agregar la circuncisión y prácticas judías a la obra redentora de Cristo. El apóstol, desagradablemente sorprendido, les dice: Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. El anatema (gr. ἀνάθεμα) en el Nuevo Testamento es algo que no tiene el favor de Dios, es objeto de maldición divina, y que queda excluido de la comunión con Cristo. El apóstol, celoso y decidido a guardar la sana doctrina y la predicación certera del mensaje de Salvación, bajo la guía y conducción del Espíritu Santo, no duda en declarar la peor condición espiritual sobre el que enseñe cualquier cosa que se aleje de la verdad, incluyéndose él, cualquier otro que haya predicado mensaje de Dios, y hasta los ángeles. Desafortunadamente, esto no es una situación aislada o del pasado, sino que hoy en día es más frecuente estar expuestos a falsas doctrina, aprovechando la credulidad y desconocimiento de los creyentes, pudiendo hasta llegar a recibirlo en nuestro mismo templo.
Cualquier mensaje que recibamos, sea de parte de un pastor, evangelista, o líder, debe ser contrastado con las Sagradas Escrituras. No podemos conformarnos con solo oír. Debemos preocuparnos y escudriñar la Palabra de Dios, rogar al Espíritu Santo por Su conducción en el estudio, y ser conocedores de la sana doctrina para no ser engañados y, creyendo tener salvación, estar caminando hacia la condenación eterna.
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