El justo por su fe vivirá

    “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”

    Habacuc 2:4 RVR1960

    Los seres humanos tenemos necesidad de que nuestros méritos sean reconocidos, pues esto hace justicia a nuestros esfuerzos o logros. Lo usual es que, si tenemos un trabajo destacado, las personas lo reconozcan, pero es más frecuente que los que quieren recibir elogios sean los primeros en enorgullecerse, la mayoría de los casos sin fundamento para hacerlo. En nuestra sociedad es común ver individuos, cuyas metas no han sido alcanzadas mediante métodos correctos, ufanarse y tratar de obtener admiración por parte de otros. Puede ser que con el objetivo de autocontentamiento, o para mitigar sus malas obras, en un intento de justificar sus actuaciones con el reconocimiento popular. Su forma de comportarse contrasta con la de un verdadero cristiano, deseoso de agradar a Dios, y que humildemente actúa en favor de otros y cumple cabalmente con sus funciones.

    El libro de Habacuc enmarca un período en el cual los caldeos estaban a punto de invadir Judá, y el profeta tiene visión de lo que acontecería a los judíos, y ora a Dios en reclamo a que un pueblo impío los sometiera. El Todopoderoso responde mandándole que escribiese la profecía y la colocara donde fuese visible por todos, y que huyeran los que la leyesen, y declara esta porción: aquel cuya alma no es recta se enorgullece, mas el justo por su fe vivirá. Este versículo tiene cuatro contextos, dos en tiempos de Habacuc, uno en tiempo de Pablo, y otro en la actualidad. El primer contexto para los judíos incrédulos, que no hacían el bien y se enorgullecían de sus obras, decididos a quedarse negándose a aceptar la profecía, mientras que los que daban crédito a las Palabras de Dios huirían de la cuidad, salvando así sus vidas. El segundo contexto referente a los caldeos y la nación israelita, orgullosos los primeros de su poder militar y los segundos esperanzados en el cumplimiento de la liberación por parte del Creador. El tercer contexto, en tiempos del apóstol Pablo, en los cuales nuevamente se contrasta entre el judío que no cree en el evangelio de salvación y los que confían en Jesucristo para vida. Por último, nuestro contexto actual, en los que la humanidad rechaza a Jesús y los cristianos, justificados por Su sacrificio en la cruz, esperamos tener vida en abundancia. En todos los casos, es la fe en las promesas de Dios la que proporciona vida, sea prolongación de los días en la tierra o espiritual, y los que confían en Su palabra quienes son los llamados justos.

    Es importante decir que muchos profetas se han levantado en estos últimos tiempos, y han mentido en el nombre de Dios. Recuerde que en tiempos de Habacuc nadie tenía lo que usted y yo: la Biblia. Todo lo que escuchamos es necesario filtrarlo a la luz de las Sagradas Escrituras y mediante la dirección del Espíritu Santo. Nuestro Padre Celestial ha prometido darnos vida, y nuestra fe en las promesas escritas en Su Palabra son las que nos dan fuerzas para seguir, nos permite ser justificados y da certeza de habitar con Él por la eternidad.

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