“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.”
1 Corintios 9:25 RVR1960
Los deportistas llevan vidas de sacrificio. Con el objetivo de encontrarse en forma óptima tanto física como mentalmente, deben entrenar durante años para vencer a sus oponentes y sobrepasar los límites. Pero esos minutos de competencia tienen como respaldo toda una vida de abstinencias, disciplina y tenacidad. Cambian su estilo de vida, limitan los que comen y renuncian a placeres y hábitos con tal de alcanzar sus metas. Y no hay mayor satisfacción para ellos que ver los resultados de sus privaciones, al obtener una medalla que les reconoce como campeones.
Pablo utiliza como ejemplo a los atletas de lucha, al decir: Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. El apóstol reconoce las limitaciones a las que se sometían los atletas con el objetivo de resultar ganador en juegos deportivos. En sus tiempos, se reconocía a los ganadores con una corona de hojas o de oro en forma de hojas (gr. στέφανος stephanos) pero aún una corona de metal es corruptible, puede deteriorarse o destruirse. Los que siguen a Cristo, similar a los deportistas, también tienen que someterse a limitaciones, disciplina y abstinencias. La diferencia es que corona que buscan obtener los cristianos es incorruptible, y será entregada al final de sus vidas.
Para lograr cualquier cosa, se requiere empeño y sacrificio. Algunos luchan por logros y reconocimientos terrenales, pero los cristianos lo hacen por servir y agradar a Dios. Si un deportista se abstiene y cambia su estilo de vida por romper un récord o derrotar a un oponente, ¿cómo no lo haremos los que queremos alcanzar salvación y vida eterna?
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